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Entrevista a Andrea Busfield

Buenos días, Andrea y gracias por responder a las preguntas de precioslibros.En primer lugar, me gustaría saber cuál fue tu primer contacto con Afganistán, quiero decir, ¿habías estado allí antes de que te enviasen a cubrir la guerra como reportera o conocías a alguien allí?Me avergüenza reconocer que, antes de que me enviasen a cubrir la Guerra contra el Terror en 2001, sabía muy poco sobre el país. Recordaba vagamente las imágenes de los telediarios cuando era niña, en los que se veía a los tanques rusos invadir el país, pero eso era todo.

¿Qué sentiste cuando te enviaron a un país tan diferente a cubrir una guerra?

Para ser sincera, te diré que estaba nervios, pero también muy emocionada. Nunca había trabajado como reportera de guerra y no sabía muy bien qué podía esperar. En retrospectiva, creo que mi ignorancia en ese momento jugo a mi favor. Nunca fingí conocer el país, su historia, su cultura, religión o situación política. Lo que hice, por el contrario, fue preguntar a los afganos todo lo que necesitaba para llenar esos huecos. Mi interés era genuino y me encontré con que su deseo de enseñarme cosas sobre ellos no tenía límites. Estaban simplemente agradecidos y felices de poder ayudarme lo mejor posible. Creo que muchos periodistas cometen el error de sermonearles sobre aspectos que, sin duda, os afganos conocen mucho mejor. ¡Puedo asegurar que realmente ese no fue mi caso!

Andrea Busfield¿Cómo fue tu experiencia allí? Quiero decir, tú eras una periodista importante en Reino Unido, tenías u trabajo, una familia en tu país y, a pesar de todo lo que tenías ,quedaste muy impresionada por este país, hasta el punto de marcharte allí, ¿por qué?

Mi primer viaje a Afganistán fue en 2001. Llegué en un helicóptero ruso muy viejo y desvencijado y aterrizamos en el norte del país, justo en la frontera con Tayikistán. Me apeé del helicóptero envuelta en una nube de polvo y enseguida me metí en un jeep que tenía casi pero aspecto que el helicóptero para meternos en un laberinto de caminos embarrados, al lado de los que se veían los muros de adobe de lo habitantes del país que parecían consistir solo en ancianos y burros. Me quede encantada, era como haber dado un salto en el tiempo.

Por supuesto, la realidad de la vida cotidiana allí es muy dura, pro como visitante, tenía cierta tendencia a verlo todo impregnado de un cierto romanticismo y estaba encantada. Durante tres días estuvimos caminando y farfullando mientras atravesábamos el paso de Anjoman, escalando montañas por caminos de tierra y durmiendo en cauces secos. En una ocasión paramos par comer un pequeño tentempié. Estaba anocheciendo, os rodeaban los picos de las montañas y las nubes bailaban a nuestros pies. Era como estar en la cima del mundo.

Cuando llegamos a nuestro destino, una zona a 40 km al norte de Kabul que todavía estaba bajo el control de los talibanes, llevaba cuatro días sin lavarme y en ese momento comprendí que, de ahora en adelante, cualquier baño iba a implicar un cubo y el agua del rio que también usábamos para hacer café. Incluso en ese momento, sentía que cada día que pasaba me enamoraba más de este país. Por supuesto, había una guerra minas anti persona que poblaban todos los rincones del país y la pobreza era brutal y hacía mella en la población, pero a pesar de ello los afganos que conocía eran educados, encantadores siempre atentos y agradables. Por primera vez en mucho tiempo sentí que despertaba. Contemplaba el amanecer y las puestas de sol y escuchaba el sonido de la brisa y me sentía extrañamente feliz. De pronto, las pequeñas cosas como no tener un secador o tomas eléctricas en las que conectarlo empezaban a parecerme exactamente lo que eran en realidad, tan solo tonterías. No me daba cuenta de ello, pero Afganistán me estaba enseñando una lección de vida y creo que instintivamente quería aprenderla.

Luego, cuando mi periódico perdió el interés en la historia afgana, seguí viajando allí dos veces al año en vacaciones y, entonces, en 2005 decidí lanzarme y mudarme allí. Fue una de las mejores decisiones de mi vida.

¿Cuándo decidiste que querías vivir allí?

Creo que, en cierta medida, la vida pone en tu camino una serie de oportunidades y tú decides si las aprovechas o no. Después de mi primera visita a Afganistán en 2001 y de las que realicé después hice gran cantidad de amigos afganos. Leía cada libro que se publicaba sobre el país y empecé a ir a clases de Farsi,(el idioma que se habla allí). Entonces, en 2005, vi una oferta de trabajo en la web de la Fuerza Internacional de Seguridad y Asistencia (ISAF), en la que se demandaba un periodista civil para el periódico trilingüe Sada- e – Azadi (La voz de la libertad) y envié mi CV. Tres meses después estaba volando hacia Kabul.

Para mí, la oferta llegó en el mejor de los momentos. Me encantaba trabajar para News of the World, pero después de 5 años, necesitaba nuevos desafíos. El trabajo en Kabul era esa oportunidad que la vida ponía en mi camino.

¿Cuál fue la reacción de la gente a tu ” aventura”?

La mayoría pensó que estaba loca. Estaba dejando un trabajo magnifico con una sueldo fantástico en uno de los periódicos más importantes de Reino Unido. Tenía mi piso, mi coche, mis amigos. Sin embargo, muchas veces me sentía perdida. Aunque mis padres se preocuparon especialmente por mi decisión, entendieron que necesitaba marcharme. Mis jefes en News of the World también se portaron maravillosamente. Estaban perplejos, pero me apoyaron en todo momento y mi editor me dijo que siempre habría trabajo para mí si aquello no salía bien. Gracias a Dios, no lo necesite. Todo salió mucho mejor de lo que esperaba.

¿Cómo es la vida en Afganistán?

He de reconocer que aunque a veces la ida es difícil, los buenos momentos sobrepasan con mucho a los malos. Por supuesto, cuando llega el invierno y estás a menos 20 grados en el exterior y a 15 grados bajo cero dentro de casa; no hay electricidad durante días; las cañerías están congeladas y dejas que tu pero duerma en tu cama solo por i puedes recibir un poco de calor de su cuerpo empiezas a cuestionarte tu salud mental. Pero, por lo demás, el resto del tiempo, la vida era extrañamente normal. Vivía justo enfrente de un restaurante tailandés y a dos puertas de un famoso burdel, tenía u ayudante pastún y un perro y tenía grandes amigos (tanto dentro de Afganistán como en el exilio), por lo que nunca sentí que estuviera en peligro. De vez n cuando, explotaban bombas y se oía derrumbarse rocas, pero eso no sucedía con mucha frecuencia. Nunca contraté escoltas ni protección. Paseaba por las calles con mi perro, me vestía de un modo conservador, con los brazos y piernas cubiertos y con un burka y puedo decir, honestamente, que en los dos años y medio que viví allí jamás me sentí amenazada ni intimidada en modo alguno. De hecho era más bien al contrario. Todo el mundo me demostraba su afecto y me hacía sentir parte del país y de las familias de los afganos a los que estoy orgullosa de llamar amigos.

¿Y cómo trabaja un periodista en Afganistán? ¿Hay libertad de expresión?

Hay que tener en cuenta que Afganistán es una democracia naciente y todavía está tratando de encontrar su camino. Sí, hay restricciones en los medios, especialmente en lo que se refiere a la cobertura de aspectos relacionados con la religión. Los periodistas se sienten intimidados, algunos han sido arrestados, otros incluso encarcelados. Algunos hn tenido que buscar asilo y otros han sido asesinados. Sin embargo, está teniendo lugar algo parecido a una revolución cultural.

A pesar de las dificultades, Afganistán disfruta de medos de comunicación muy valientes y combativos que constantemente se saltan las limitaciones. Los canales de televisión tienen programas satíricos en los que nadie se salva de la ironía y la crítica y los periódicos son muy críticos en sus páginas editoriales con la acción o la inacción del gobierno. Habiendo trabajado también en Qatar, he de decir que la prensa afgana goza de una salud mucho mejor que la de otros países musulmanes del entorno. Aún hay mucho camino que recorrer, pero estoy convencida de que la forma en que los periodistas afganos están arriesgando sus vidas hoy será recompensada en el futuro.

¿Ha cambiado la mentalidad del país tras la caída del régimen talibán?

Parece difícil de creer, pero hace no muchos años, Kabul era una ciudad bastante moderna. Las fotos de la década de los 60 muestran a las mujeres yendo a trabajar con faldas por encima de la rodilla y sin burkas. Por lo tanto no es que el país haya cambiado tras la caída de los talibanes, sino que fueron los talibanes lo que obligaron a cambiar al país. Desgraciadamente, los fundamentalistas y la guerra civil que les precedió consiguieron devolver a Afganistán al pasado y ahora va a costar décadas remediar ese daño. El afgano era, en general, un pueblo tolerante, pero por desgracia esa realidad no se refleja nunca en los titulares.

¿Qúe puede encontrar el lector en Bajo un millón de sombras?

Espero que pueda descubrir una visión distinta del país. Mi novela es intencionadamente optimista, llena de humor y calidez porque el país que yo he conocido es así. Esa es la realidad de mi experiencia. Me preocupo profundamente por Afganistán y su gente y muchas veces me da pena que se les trate de un modo tan negativo en la prensa internacional, porque eso hace que la gente les rechace. Afganistán necesita nuestro apoyo, pero por encima de todo, la gente desea ese apoyo. Con Bajo un millón de sombras he querido captar la magia de ese maravilloso lugar.

¿Qué significa para ti este libro? ¿Qué sentimientos te merece?

Me siento tremendamente orgullosa y agradecida porque este libro se haya traducido a 15 idiomas y pueda ayudar a la gente a ver Afganistán bajo una nueva luz porque es un país que claramente no comprendemos Si tan solo un lector termina el libro con un pequeño pedazo de Afganistán en su corazón, estaré contenta. Por supuesto si son dos sería mejor….

¿Todavía vives en Afganistán? ¿ Has pensado en volver a Reino Unido?

Me marché de Afganistán en mayo de 2008 para trabajar en Qatar. Un año después deje el Golfo para dedicarme a escribir y actualmente estoy instalada en Chipre escribiendo mi segunda novela. ¡Después me mudaré a Austria a vivir con mi sufriente novio!

Muchísimas gracias por tus respuestas, Andrea, y buena suerte.

Ha sido un placer. Gracias a ti por tu interés.